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QUINCE AÑOS DE IMPUNIDAD

Por: Luis Fernando Herrán Méndez
Hace quince años ya de su asesinato cobarde, horroroso, brutal. A pesar que el país, como él mismo lo decía “había perdido la capacidad de asombro”; se conmovió hasta lo más profundo de su espíritu. Tan grande fue el impacto, que unió a todos los demócratas y gente civilizada de esta perturbada patria nuestra, en un único sentimiento de dolor, indignación y protesta.  Sus adversarios tradicionales, los de los partidos de bien, se sintieron huérfanos del talante, la personalidad, la capacidad de estadista, la doctrina y el genio de ese inmenso hombre de la derecha  social del mundo. Quedo ahí al frente de la Universidad Sergio Arboleda, en donde en aplicación a la vocación de maestro que lo acompaño durante toda su vida, entrego a la juventud el tesoro de su conocimiento, les enseño su forma humana de interpretar la política y de actuar como hombres de bien poseedores de un espíritu transcendente y eterno. Así, lo muestra la Compilación de sus conferencias dictadas en esta Universidad y que fueron recogidas en un libro para el privilegio y la orientación de sus estudiantes, amigos y adversarios

Lo eliminaron en lo físico por el solo hecho de ser un perfecto demócrata, nunca participo en una revuelta, nunca atentó contra el poder adquirido legítimamente, nunca profirió una frase que dividiera y siempre busco que en un “acuerdo sobre lo fundamental” los colombianos  encontráramos la razón para continuar unidos en busca de las soluciones para todos, especialmente para los desposeídos.
Autor de tantos y tantos libros maestros en historia, economía, derecho, política  y de tantas otras obras que vivían en su cabeza y que no alcanzaron a salir al mundo por culpa de la intolerancia, la cobardía y el anti patriotismo. Si alguien quisiera mostrar a sus hijos una buena obra para su ilustración y su formación, debiera preocuparse por entregarle la obra de Álvaro Gómez y complementarla con los autores que se quiera, ya sean de derecha o de izquierda.
En la política, un conservador, eso lo saben todos, con la capacidad de formular “El desarrollismo” adelantándose en 30 o 40 años a la internacionalización de la economía y el libre comercio. Era un visionario, vio el país de sus creencias con la proyección de un profeta. Tal vez, Colombia no estaba preparada para ver más allá de distorsionados  recuerdos y de un pasado que fue injusto con nosotros, cuando lo contaron sus adversarios recurriendo  a lo sectario, al partidismo irracional. No le permitieron poner en práctica todo ese mundo de energía, sabiduría, experiencia y conocimientos en la dirección del estado y  seguramente, con eso, perdió más la patria, que con el hecho mismo de su cobarde asesinato.
Como persona, un hombre sencillo, tímido pero amable, considerado y generoso. Su formación se la debe al mundo por el privilegio de los cargos diplomáticos de su padre el Caudillo Laureano Gómez Castro y al hecho mismo de ser hijo de Laureano, el inmenso coloso ideológico y programático el conservatismo colombiano. Álvaro fuè bachiller del San Bartolomé y graduado en ciencias Jurídicas en la Universidad Javeriana.  
Quince años de impunidad, tres lustros de no justicia, de indiferencia, mucho tiempo sin un Fiscal, sin un Procurador, sin una Corte que investigue y haga justicia y que no este ocupado en otros menesteres más importantes que los de administrar justicia.  El país presencia con horror como la Corte Suprema se reúne más de 25 veces para elegir el Fiscal General de la Nación, que es un deber inaplazable que le impone la constitución y hace todo  lo posible para no elegirlo, quizás esperando que el interino complete su tiempo para la jubilación o la Corte se está dejando  manipular por el interino para que no le nombren sucesor. Será que la Corte esta muy entretenida entregando beneficios y recibiendo declaraciones de  bandidos para condenar con decires de delincuentes  a servidores de la patria en una insólita  revancha contra Uribe. O dándose golpes de pecho y “mea Culpas” por casos ominosos como del que hicieron victima  a Carlos García y Pompilio Avendaño, que después de privarlos de lo más sagrado que es la libertad, la honra y separarlos de sus familias, amigos y ocupación, les dicen babosamente y sin rubor que se equivocaron y que son inocente. O como en el caso de Gonzalo García, que lo condenaron por el testimonio de unos facinerosos y en el artículo tercero de la misma sentencia ordena abrir investigación contra los mismos declarantes en su contra por el delito de falso testimonio. Una Corte que no es capaz de elegir su propio presidente debe estar muy ocupada para ocuparse de uno de los magnicidios más cobardes de los últimos tiempos. Un aparato judicial que condena al Coronel Luís Alfonso Plazas Vega, un militar patriota que nos salvo del caos frente al Palacio de Justicia y que evitó que los forajidos del M 19, comandados por los que hoy señalan a la gente de bien, se tomaran esta nación y nos sumieran en el caos comunista.
Ahí están los testimonios y las reseñas históricas que indican que la justicia colombiana pasa sin pena ni gloria los últimos años, sus magistrados maquillándose para hacer frente a las cámaras de televisión y con palabras, poses y atavíos que les aconsejan sus manejadores de imagen para versen bien y hablar bonito, pero con un muy bajo rendimiento en su misión “hacer justicia”.
El próximo 2 de noviembre se cumplen quince años de impunidad. Nosotros conmemoramos esa fecha con dolor, con algo de desencanto por el sistema, pero con la absoluta seguridad de que la muerte de Álvaro Gómez, no logrará borrar su ejemplo, su capacidad para ser útil, para dar ejemplo de vida virtuosa, esforzada y honesta al servicio de la Colombia de sus amores y esperanzas.

P.D.
Dos cosas son muy claras:
1- Quienes eran los enemigos de Gómez Hurtado, y
2- De quienes eran  amigos los enemigos de Álvaro Gómez.